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Víctor Vicente Yanguas, el enólogo que adaptó Méntrida y Vinos de Madrid a los nuevos tiempos

La Navidad de 1988 fue especialmente fría. Lo recuerdo porque estrenaba carnet de conducir y fue el inicio de mis andadas por esa zona llamada Méntrida y Vinos de Madrid. Mi padre me encargó comercialmente esa provincia vinícola y el primer día salimos muy temprano. Durante el trayecto, que hoy se ha reducido de casi cuatro horas a dos, me habló de la familia de enólogos que íbamos a visitar, con una trayectoria profesional que se remontaba a principios del siglo XX.

El abuelo Pedro Pérez Asenjo inauguró la Cooperativa Nuestra Señora Abad, de Villacañas (Toledo), -antes Vinícola de Navarra-, de la que fue enólogo durante la Guerra Civil, unos años en los que también asesoraba a bodegas de prestigio de La Rioja y a otras del entorno de Madrid, que era su área predilecta.

A lo largo de todo el tiempo que trabajé como representante en la zona nunca dejó de sorprenderme que aún 50 años más tarde, las cooperativas recordaran que el “químico”, como así lo llamaban, viniera en taxi en las vendimias. Hecho que aún no he olvidado como anécdota de la enología, no sólo de Madrid sino de toda España.

A su jubilación, su yerno Vicente Yanguas Ituero cogió su testigo y no sólo lo intentó emular sino que, además, luchando con esa variedad tan difícil, la garnacha peluda, que da mostos de más de 16 grados baume en muchos casos, lo llegó a superar, dejando su impronta en la comarca y compaginando su labor enológica con la de profesor de la Escuela de la Vid, una institución docente que dio a luz, en aquella época, a un elenco de los mejores enólogos que hoy dominan y gestionan algunas de las bodegas más relevantes de España.

VÍCTOR VICENTE YANGUAS – REVISTA ENÓLOGOS - OBITUARIOS
Pedro Pérez Asenjo (de pie) en el laboratorio enológico de San Martín de ValdeIglesias en 1930

Desgraciadamente murió joven de un cáncer que le arrebató la vida allá por 1985, lo que obligó a su hijo, Víctor Vicente Yanguas Pérez, a tomar el relevo con apenas 21 años. Con coraje y trabajo, Víctor Yanguas, en la tercera generación, consiguió restablecer todos los criterios. De ayer a hoy Víctor consiguió adaptarse a las nuevas tendencias y a las nuevas exigencias del mercado. A él le deben Méntrida y Vinos de Madrid la adaptación al cambio.

Sí, amigos y compañeros habrá habido otros, pero hoy hablamos de Víctor. Él modificó el criterio del “grado”. A él se le atribuye haber dado fruta a la “garnacha peluda”. A Víctor se le puede atribuir el cambio de color de los vinos de Méntrida, pasando de los cortos y naranjas al rojo rubí. Sí, habrá habido otros, pero no como él.

Víctor fue una gran persona, noble y elegante, que dio glamour a la enología de esa zona. Compañeros de la enología, es cierto que ha habido otros, de gran importancia, con grandes aportaciones, no lo dudo. Pero no como él. Víctor, los que te hemos conocido sabemos que dejas grabado el éxito que siempre acompañó tu esfuerzo y dedicación. En lo personal no has dejado ni te has llevado nada, porque mientras existamos te recordaremos siempre. Hasta siempre.

Tu siempre amigo, Fernando Arráez.

Dedicado a su mujer Arantxa y familia.

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