Massimo Nanni, managing director de Omnia Technologies Ibérica, líder de maquinaria de proceso y embotellado, sostiene, en la presente entrevista, que el segmento de la desalcoholización en España se encuentra todavía en una fase de desarrollo y no debe percibirse como un competidor del vino tradicional sino como un producto complementario, destinado a ocasiones y públicos diferentes. Asimismo, Nanni descarta que el mosto pueda sustituir al vino desalcoholizado, ya que, según sostiene, es una bebida completamente distinta que pertenece a otro tipo de experiencia de consumo.
¿Podría explicar, brevemente, cuáles son los servicios que Omnia Technologies Ibérica SA ofrece a las bodegas españolas y, en definitiva, las necesidades que cubre en la actualidad?
Omnia Technologies Ibérica es la plataforma comercial y de servicio del Grupo Omnia Technologies en el mercado español. Actuamos como interlocutor único para los clientes y bodegas, cubriendo las necesidades de venta y postventa de todas las marcas del Grupo presentes en el país. Contamos con un equipo de técnicos y comerciales distribuidos en las principales zonas vitivinícolas de España, lo que nos permite acompañar a nuestros clientes de forma cercana y continua, tanto en proyectos de inversión como en el soporte operativo diario.
La situación geopolítica internacional despierta gran incertidumbre en el sector bodeguero. A los aranceles impuestos por la nueva administración estadounidense se ha sumado, hace sólo unos días, un nuevo foco de tensión, de especial gravedad, en Oriente Próximo. ¿Cómo afecta un escenario tan cambiante e impredecible a la industria vitivinícola?
El contexto geopolítico y geoeconómico actual es complejo y se suma a una tendencia de reducción del consumo de vino a nivel global. En este escenario, las decisiones de inversión requieren un enfoque aún más riguroso.
Precisamente por eso, ser socios tecnológicos adquiere una relevancia estratégica. De hecho, las bodegas que deciden invertir buscan garantía, fiabilidad y resultados concretos. En este sentido, Omnia Technologies, y por tanto Omnia Technologies Ibérica, se posiciona como un partner industrial sólido, gracias a la calidad de sus marcas, a su know-how tecnológico y a un servicio estructurado a largo plazo.
El pasado verano, comentaba usted que había que esperar hasta 2026 para comprender y definir concretamente el peso porcentual de los vinos desalcoholizados en comparación con los productos tradicionales con alcohol. ¿Puede aportar en este momento una valoración al respecto?
En el mercado español, el segmento de la desalcoholización se encuentra todavía en una fase de desarrollo. Han comenzado algunos proyectos orientados a servicios de desalcoholización por cuenta de terceros, mientras que las grandes inversiones directas por parte de bodegas siguen siendo limitadas.
El mercado está en construcción y todavía es necesario entender con mayor claridad hacia qué modelo evolucionará: desalcoholización total o parcial. Ambos escenarios presentan necesidades tecnológicas distintas. Como Grupo, Omnia Technologies cuenta con las competencias necesarias para acompañar a los clientes en cualquiera de estas direcciones, cuando el mercado alcance una mayor definición.

También se refirió entonces a que el vino desalcoholizado tenía que superar aún ciertos problemas legales y resistencias culturales para poder desarrollar todo su potencial. ¿Cuáles son, exactamente esos problemas y resistencias? Y, en todo caso, ¿se han resuelto o siguen todavía pendientes?
Desde el punto de vista normativo, se han dado pasos adelante, especialmente en lo relativo a la denominación del producto y a la gestión de la fracción hidroalcohólica resultante del proceso de desalcoholización. Sin embargo, algunos aspectos regulatorios siguen influyendo en el ritmo de adopción por parte del mercado. En el plano cultural, el vino desalcoholizado se dirige principalmente a consumidores que no pueden o no desean consumir alcohol. Se trata de un mercado existente, pero que debe construirse con una comunicación específica y adecuada. No debe interpretarse como un competidor del vino tradicional, sino como un producto complementario, destinado a ocasiones y públicos distintos.
El mosto es un producto que mueve mucho dinero dentro del sector bodeguero cooperativo y que tiene una amplia presencia en el ámbito de la exportación de «otros productos vitivinícolas». ¿Puede el mosto convivir o, incluso, sustituir al vino desalcoholizado o con bajo alcohol (NoLo) o, por el contrario, ocupa un segmento del mercado completamente diferente?
Aunque el mosto y el vino comparten la misma materia prima, la uva, se tratan de productos totalmente distintos. El mosto no pasa por el proceso de fermentación, lo que determina perfiles organolépticos usos y mercados completamente diferentes.
El mosto tiene un posicionamiento consolidado en segmentos como los zumos y las bebidas gaseosas, y responde a lógicas de consumo distintas. Por tanto, no es comparable ni sustituible por productos derivados de la desalcoholización del vino, que pertenecen a otra filiera y a otro tipo de experiencia de consumo.
