Determinar cuánto viñedo viejo existe en este país puede ser una tarea hercúlea. Según la definición de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), ese tipo de plantación corresponde a una parcela de tierra continua y legalmente delimitada donde al menos el 85 % de las cepas tiene 35 años o más. Para el presente reportaje, no obstante, hemos decidido retroceder hasta al año 1980.
Y ello porque aunque el registro vitícola sistematizado, a nivel europeo, se ordenó legalmente en 1987, la primera estadística homogénea de la era moderna se consolidó en 1980, el «año cero» que han utilizado comúnmente el Ministerio de Agricultura y el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), hasta su sustitución por el Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE), para establecer las comparativas oficiales de superficie de viñedo.
En 1980, España alcanzó su récord histórico de extensión vitícola con 1.642.622 hectáreas. Desde entonces, ha ido reduciéndola paulatinamente hasta perforar el suelo de las 900.000, fundamentalmente, debido a las políticas de arranque financiadas, durante décadas, por la Unión Europea que, con la excusa de reestructurar y modernizar el sector, ha provocado, simultáneamente, una pérdida de valor vitivinícola inmensa e irrecuperable. A ese quebranto patrocinado por Bruselas con dinero público se han sumado miles y miles de hectáreas de marras, es decir, de plantas que han sucumbido por razones de edad, enfermedades o traumas accidentales, lo que otorga a las supervivientes, prácticamente, la condición de gemas únicas.
El viñedo viejo es más sabio
No hay que olvidar que el viñedo viejo posee, en términos generales, mayor concentración de color, aroma y sabor en sus frutos, es capaz de reflejar más fielmente el carácter del terruño y, gracias a la profundidad de sus raíces, sabe gestionar inteligentemente el estrés hídrico, mitigando el sufrimiento en años de sequía o escasez de agua.
Es un viñedo más sabio que el resto y constituye un patrimonio excepcional que contribuye de manera natural a la sostenibilidad, un archivo vivo de la agricultura local que permite preservar viníferas casi olvidadas o reconocer la verdadera tipicidad de aquellas que hoy, en ocasiones, parecen tan distintas de sus ancestros. Como ocurre con las personas, la cepa pierde fuerza con el paso del tiempo pero, por contra, adquiere mayor armonía y muestra una singular destreza para regula su producción, logrando maduraciones muy equilibradas. Además, el viñedo de dilatado pasado ayuda a mantener vivas las zonas rurales y a protege el entorno rural frente a la agricultura intensiva e industrial.

John Silver, en “La isla del tesoro”
Paradójicamente, pese a que se trata de un tesoro que debería exhibirse con orgullo en los frontispicios de todas las regiones vitivinícolas, lo cierto es que, salvo contadas excepciones, se mantiene oculto bajo siete llaves. Como si los piratas liderados por John Silver el Largo, el villano de la célebre novela de R. Louis Stevenson, quisieran hacerse con el botín. Emulando al grupo de Jim Hawkins, la revista Enólogos ha puesto en marcha una expedición para intentar rescatar las alhajas arrumbadas en el fondo del cofre. No ha habido necesidad de adentrarse en el mar del Caribe, nuestro destino aguardaba más cerca.
Para ello, se ha solicitado la información estadística pertinente a 15 de los consejos reguladores más relevantes del país y a las 17 consejerías de Agricultura que se extienden por toda la geografía nacional. Con la brújula de la paciencia, un preciso cuaderno de bitácora y las provisiones informáticas necesarias, las joyas han sido, finalmente, recuperadas. Y, ahora, las ponemos a disposición de nuestros lectores. Tal vez no estén todas las que son, pero, sin duda, son todas las que están.

La Mancha y Valdepeñas
La Mancha y Valdepeñas forman la región vitícola que agrupa la mayor cantidad de viñedo viejo de España. Un total de 13.804 hectáreas que la colocan muy por delante de Rioja, Utiel-Requena, Cataluña, Extremadura y Jumilla, entre las más importantes. Desde el punto de vista climático, edafológico y orográfico La Mancha y Valdepeñas comparten características muy similares pese a los matices y peculiaridades que les otorgan personalidad propia. En todo caso, las diferencias objetivas que presentan ambas comarcas son mucho menores que las existentes, por ejemplo, entre las tres subzonas que integran la DOC Rioja (Alta, Alavesa y Oriental).
Ahora bien, administrativamente, La Mancha y Valdepeñas se dividen en dos consejos reguladores completamente independientes. El primero, con sede en Alcázar de San Juan, se reconoció oficialmente en 1932 (según la orden publicada en septiembre de ese año en la Gaceta de Madrid), aunque no se aprobó de manera definitiva hasta 1976. En la actualidad, reúne 144.000 hectáreas, de las que 8.566 corresponden al viñedo inscrito antes de 1980.
El segundo, con sede en Valdepeñas, fue fundado en 1932 y acoge en su registro vitícola 5.238 hectáreas de viñedo viejo y 220 hectáreas de cepas centenarias de un total de 22.400 hectáreas amparadas. En resumen, un tesoro de 13.804 hectáreas (138,04 kilómetros cuadrados), cuyo alcance se visualiza mejor si se tiene en cuenta que representa una extensión similar a la de los términos municipales de las ciudades de Valencia o Sevilla, por citar sólo dos casos.

El papel de Rioja
No obstante, la DOC Rioja va dos pasos por delante en la reivindicación de estos viñedos. De hecho, el consejo regulador, con la presidenta Raquel Pérez Cuevas a la cabeza, ha sido la primera en crear un icono visual potente (un monolito de acero cortén con el logotipo de la denominación) que identifica el viñedo centenario al pie del terreno atestiguando, de ese modo, su valor excepcional. La institución certificadora celebró, el pasado 21 de julio, el acto de presentación de la iniciativa en uno de esos viñedos históricos, ubicado en las inmediaciones del municipio de Elciego, con la participación de Pérez Cuevas, el director general Pablo Franco, la directora técnica del organismo, Alejandra Rubio, y el viticultor propietario de la parcela, José Antonio Rubio.
Hasta el momento, el consejo riojano ha certificado un total de 8.642 hectáreas de viñedo viejo -vides plantadas en 1980 y años anteriores- y 240 parcelas de viñedos centenarios que, a día de hoy, reúnen 74,83 hectáreas en las que al menos el 85 % de las vides supera los 100 años.
Tras un exhaustivo trabajo de documentación, auditoría y comprobación sobre el terreno, desarrollado por los servicios técnicos del consejo regulador, “se puede constatar”, subrayan fuentes internas, que el viñedo viejo, que representa cerca del 13 % de la superficie de Rioja, constituye un elemento identitario de las tres zonas de la denominación”.
Utiel-Requena, Cataluña, Extremadura, Jumilla y Ribera del Duero
Por su parte, la DO Utiel-Requena merece un capítulo aparte, ya que no sólo reúne 7.947 hectáreas de viñedo viejo, el 24,3 % del total de sus 32.594 hectáreas, sino que aún conserva más de 2.700 hectáreas con una antigüedad de más de 75 años, algo verdaderamente único que otorga un prestigio añadido a su enorme patrimonio vitivinícola.
A continuación, en un rango intermedio, se sitúan Cataluña, la ya citada Valdepeñas, Extremadura, Jumilla y Ribera del Duero, con una superficie de viñedo viejo que oscila entre las 3.200 y las 5.500 hectáreas. De acuerdo a la información facilitada por el Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI), Cataluña mantiene 5.479 hectáreas de viñedo viejo del total de 54.828 hectáreas que agrupa en su territorio, entre ellas, 97,6 hectáreas centenarias. De esas casi 5.500 hectáreas de viñedo viejo catalán, 1.304 están inscritas en la DO Penedés, el 7,37 % del total de sus 12.326 hectáreas.

En un nivel muy parecido se mueve la comunidad autónoma de Extremadura, que ha logrado preservar 5.417 hectáreas de viñedo viejo, un 7,37 % de sus 73.446 hectáreas, una superficie que se reparten entre la DO Ribera del Guadiana y sus seis subzonas (Tierra de Barros, Montánchez, Cañamero, Matanegra, Ribera Alta y Ribera Baja, así como la DO Cava y la IGP Vinos de la Tierra de Extremadura.
Asimismo, la DO Jumilla custodia 4.700 hectáreas de viñedo de 30 años o más, de las 21.678 hectáreas existentes en este momento. A este respecto, fuentes del consejo regulador explican que el total de viñedo viejo en la denominación supone más de 20 % de la superficie, siendo la variedad monastrell la mayoritaria, con el 90 % de la viña vieja, y en menor proporción, la airén y la garnacha tintorera.
“El pliego de condiciones de Jumilla DOP”, subrayan, “considera viña vieja aquella plantación superior a 30 años de edad (…) precisamente porque es viñedo que resiste las durísimas condiciones de la denominación de origen, adaptándose a condiciones climáticas y edafológicas extremas del territorio que se caracteriza por suelos calizos muy pobres en materia orgánica y un clima mediterráneo con baja humedad, precipitaciones muy escasas y temperaturas muy elevadas en este período estival”.
En Castilla y León, la DO Ribera del Duero, una de las dos de mayor producción dentro de la región, aún agrupa 3.204 hectáreas de viñedo viejo, de las que 351 tienen una antigüedad centenaria, para un total de 28.082 hectáreas en producción. La comunidad castellanoleonesa incluye también las denominaciones de Rueda, primera en producción tras experimentar un gran crecimiento en los últimos años, además de Toro, El Bierzo, Cigales, Tierra de León, Arlanza, Arribes, Tierra del Vino de Zamora y Valtiendas.

Cariñena, Jerez, Valencia y Navarra
A gran distancia se encuentran las denominaciones de Cariñena, Jerez-Xérès-Sherry, Valencia y la comunidad de Navarra, situadas en una franja que discurre entre las 530 y las 1.050 hectáreas
La DO Cariñena ha preservado 1.048,97 hectáreas de viñedo viejo, de las que 18,43 hectáreas son centenarias, entre las 13.153 hectáreas que contabiliza en la actualidad.
La DO Jerez-Xérès-Sherry conserva 658 hectáreas de viñedo anterior a 1980, prácticamente el 10 % de las 6.710 hectáreas certificadas. Tras Jerez, se sitúa la DO Valencia que, entre sus 7.926 hectáreas registradas, puede presumir de 575 hectáreas de viñedo viejo, y aunque sea un dato residual, también de una hectárea de viñedo centenario.
De la misma manera, la comunidad foral de Navarra presenta en su hoja de servicios un total de 537,01 hectáreas de viñedo viejo (22,7 de las cuales tienen vitola de centenarias), el 3,5 % de las 15.484,33 hectáreas existentes en la región.

Cantabria y Asturias
Finalmente, cabe referirse a Cantabria y Asturias, dos regiones que, aunque menos conocidas vitivinícolamente hablando, reúnen más de una treintena de viñedo viejo en cada caso.
Concretamente, Cantabria mantiene 35,9 hectáreas, de las que 16 son centenarias del total de 124,3 hectáreas contabilizadas y en explotación en este momento.
Asturias, a su vez, tiene inscritas 33 hectáreas de viñedo viejo, de las 95 hectáreas registradas hoy día, muy lejos de las 306 hectáreas que alcanzó en 1980.
Nota: las comunidades que no aparecen incluidas en este reportaje no han facilitado, hasta la fecha, la información solicitada. No obstante, el reportaje «Viñedo viejo, el tesoro oculto de la España vitivinícola» está abierto a todos los consejos reguladores y administraciones públicas que lo deseen, y se irá ampliando, en su versión digital, en el momento en que remitan la estadística correspondiente.
