La jerarquía del sector vitivinícola español, en términos de facturación, ha vivido en la última década un auténtico tsunami. Las grandes bodegas y cooperativas manchegas han asaltado una fortaleza que parecía infranqueable hasta conseguir crear un nuevo equilibrio de poder. Félix Solís Avantis y J. García Carrión no sólo siguen creciendo y liderando el ranking absoluto de facturación, muy por delante de los antiguos referentes catalanes, vascos y riojanos, sino que otros nombres propios oriundos de La Mancha, como Juan Ramón Lozano, Bodegas Yuntero, Virgen de las Viñas o Grupo Baco han logrado relegar a algunos de sus competidores y acceder a ese reducidísimo grupo de elaboradores que puede presumir de registrar una cifra anual de negocio de alrededor de 100 millones de euros.

La multinacional valdepeñera Félix Solís Avantis alcanzó una facturación récord de 420 millones de euros en 2025 tras crecer un 5 % respecto al año anterior. J. García Carrión, de origen murciano pero con dos importantes centros de operaciones en Daimiel (Pata Negra y Don Luciano) y Valdepeñas (Señorío de los Llanos), ambos en la provincia de Ciudad Real, es la mayor empresa agroalimentaria de la región, donde registra un volumen de negocio de más de 500 millones de euros, en buena parte imputable al área bodeguera. A la división de vinos del grupo se le atribuyen 401,2 millones de facturación, lo que lo sitúa en segundo lugar del escalafón nacional. Bodegas Juan Ramón Lozano, de Villarrobledo (Albacete) superó, al cierre del ejercicio de 2024, los 100 millones de euros, consolidándose entre los principales operadores españoles del sector. Además, tanto Félix Solís como García Carrión y Lozano se han extendido por el resto del país para poder ofrecer un portafolio de productos cada día más diversificado. Sus bodegas en Rioja, Cataluña, Ribera del Duero, Rueda o Toro así lo demuestran.

Simultáneamente, las mayores cooperativas vitivinícolas del mundo por volumen de producción, localizadas en la provincia de Ciudad Real, están a punto de rebasar los 100 millones de facturación. Bodegas Yuntero Jesús del Perdón, de Manzanares, ha contabilizado en 2025 una facturación de 99,4 millones de euros, por delante de la Virgen de las Viñas Bodega y Almazara, de Tomelloso, con 95,4 millones, y del Grupo Baco, de Alcázar de San Juan, con 94,9 millones. A notable distancia pero con resultados también históricos, siguen su estela la Cooperativa Cristo de la Vega, de Socuéllamos, con un volumen de negocio cercano a los 60 millones de euros, y la Cooperativa El Progreso, de Villarrubia de los Ojos, que ya ha sobrepasado los 40 millones.

Cataluña, La Rioja y el País Vasco, a la baja
Mientras tanto, los buques insignias catalanes (Familia Torres, Freixenet y Codorníu), antaño grandes dominadores del ranking, sufren caídas de su facturación, más afectados, como están, por la coyuntura internacional y, en ciertos casos, también por los desafíos internos.
Familia Torres cerró el ejercicio de 2024 con un volumen de negocio de 242,4 millones de euros, lo que supuso un descenso del 1,8 %, debido al impacto de la venta de la filial china en 2023 y a la devaluación del peso chileno. Por su parte, Freixenet y Codorníu atraviesan grandes dificultades desde que la multinacional germana Henkell & Co. Sektkellerei KG y el fondo de inversión estadounidense The Carlyle Group, se hicieron con el control en 2018, trasladando sus respectivos centros de decisión a Wiesbaden (Alemania) y Washington (EEUU). Desde entonces, nada ha vuelto a ser como era y el futuro se presenta francamente incierto.
La división de Freixenet en España registró en 2024 unas ventas de 234 millones de euros, menos de la mitad de los 542,2 millones que llegó a facturar en 2018, el año que fue adquirida por Henkell & Co. En cuanto a Raventós Codorníu, cerró su último ejercicio (contabilizado de julio de 2024 a junio de 2025) con una cifra bruta de ventas de 232 millones de euros, tras cuatro años de crecimiento sostenido y un récord de su beneficio operativo, pero se trata de una facturación todavía inferior a los 235 millones de euros obtenidos en 2018, cuando el grupo Carlyle materializó su adquisición.

Del mismo modo, el grupo multinacional francés Pernod Ricard, con sede central en Madrid, decidió vender en 2024 las bodegas riojanas Campo Viejo, Ysios y Azpilicueta y la burgalesa Tarsus al holding Australian Wines Limited. ¿El motivo aducido? La escasa rentabilidad mostrada frente a sus productos alcohólicos de alta graduación (como Beefeater, Chivas, Jameson, Ballantine´s, Absolute o Seagrams). Pernod Ricard ejecutó la desinversión tras comprobar cómo la división española de vinos reducía paulatinamente su facturación desde los 130,3 millones de euros de 2020 a los 102,5 millones de 2023.

En la clasificación de bodegas españolas con mayor facturación, aunque a gran distancia de las más destacadas y con tendencia claramente bajista, todavía se mantienen Barón de Ley, con 102.4 millones en 2024, la Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), con 101,5 millones, y Herederos del Marqués de Riscal, con 68.6 millones, todas ellas con sede en el País Vasco. Se trata de empresas que hace apenas unos años doblaban o triplicaban la facturación de las cooperativas manchegas y que, actualmente, han sido superadas o están a punto de serlo.
Castilla-La Mancha, la China del vino español
Castilla-La Mancha es al vino español lo que China a la economía global. Un gigante paciente que dispone de los recursos necesarios para desempeñar un papel protagonista en el tablero de juego. Aunque algunos aún no se han dado cuenta, las reglas han cambiado. La inestabilidad internacional, con tensiones arancelarias, conflictos bélicos cercanos y el consiguiente encarecimiento de las materias primas dificultan enormemente las ventas de vino embotellado, a lo que se suman el cambio de hábitos de consumo y las campañas de criminalización del alcohol, apoyadas por el Gobierno y la mayoría de los medios de comunicación.

Castilla-La Mancha, sin duda, ha incrementado muy notablemente las ventas de vino embotellado durante el presente siglo pero sigue copando gran parte del mercado mundial del vino a granel y los llamados “otros productos vitivinícolas”, ese capítulo dedicado al mosto, el vinagre y los aromatizados que ya factura en el exterior más dinero que todo el cava y el espumoso juntos. La versátil apuesta del país del Quijote (con vino embotellado, a granel, mosto, vinagres y aromatizados) responde, fundamentalmente, a la estructura de economía social de su tejido productivo, que prioriza la cercanía al terreno, el arraigo y la fijación poblacional y económica.
Las grandes bodegas castellanomanchegas son empresas familiares o grupos cooperativos, que disponen de enormes reservas de viñedo para afrontar cualquier eventualidad, además de capital propio (sin participación ni injerencias foráneas), con balances financieros generalmente saneados, gran capacidad de reinversión y destacada presencia social. Ésa es su fuerza y la razón que explica, en buena medida, el imparable cambio de jerarquía del vino español.
