Por Jose Luis Menéndez (MARQ Museo Arqueológico de Alicante) y Eladio Martin (CRDOP Alicante)
Tres días de finales de octubre nos sirvieron para sentir y calibrar el enorme peso que tiene la historia, la arqueología y la investigación en el mundo del vino. Un verdadero universo que es imposible entenderlo hoy como una simple bebida o, al menos, que desde Alicante sentimos que tiene una conexión más larga y ancha de la que pensamos, no con el espacio territorial en que se mueve cada denominación de origen, sino con el tiempo. Y es que la alianza entre territorio e historia es una fuente de gran inspiración en este sector.
El congreso “El Mar del Vino. Alicante, capital histórica del vino en el mediterráneo” celebrado en sabia alianza entre la Diputación de Alicante, a través del MARQ Museo Arqueológico de Alicante y el Patronato de Turismo de la capital, reunió en esta ciudad a profesionales de Georgia, Armenia, Italia, Francia, Grecia, Egipto, Alemania, Hungría, Turquía, y, por supuesto, de la península ibérica, de Andalucía como de Cataluña y la Comunidad Valenciana. Entre todos, se fue trazando un sendero de luz hacia el pasado, iluminado poco a poco por una arqueología que ha ido descubriendo matices muy ricos y excitantes.
Lo que está claro es que la transformación de la uva en vino sigue siendo tan esencial y primitiva como desde hace milenios. Pero el significado de todo el proceso, así como el del vino -su uso, su ritual, o la búsqueda de su calidad y su identidad- han estado en todo momento presentes y aportan capas de enorme riqueza en sus diferentes civilizaciones y épocas. Así lo pudimos sentir al ir descubriendo los yacimientos de las bodegas más antiguas en Georgia y Armenia: dónde se establecían y por qué, cuál era su configuración y espacios, cuáles los vinos más antiguos (Tebas en el antiguo Egipto, Grecia o Sicilia) y cómo se han ido creando los distintos niveles de calidad por su capacidad sensorial, su envasado, sus viajes y procedencias.
Todo el ritual del vino en diferentes culturas. La cultura de la diferenciación que existe desde tiempo inmemorial, su valor económico, partiendo de ser un mero salario a convertirse en producto de lujo y, por supuesto, la protección del origen y su calidad, que pudimos también vivir de primera mano en todas las civilizaciones; o desde regiones como Borgoña, Tokaj, Oporto o la propia Alicante.
Compartimos la importancia de la utilización de las ánforas y la tradición del barro, de la fermentación en su esencia: mosto, oxidación natural y poco más; o la cultura de la crianza en madera, más moderna pero que deja otro relato. Interesantísimos desde luego ambos sistemas.
Un recorrido pendiente pero muy excitante
Lo que no se ha podido todavía es aportar datos sobre las variedades de uva, sobre cómo se hacían algunos vinos o si existían vinos tal y como entendemos hoy en día la enología: por variedades, por terruños, por colores, por estilos… el rastro de esta información se ha perdido en el camino. Aunque existen atisbos cada día mayores que se siguen estudiando, como en los casos de los vinos hallados en las necrópolis de Porta Nola en Pompeya (Italia) y en Carmona (Sevilla) o el extraordinario caso de la botella de Speyer (Alemania). Es sin duda, un recorrido pendiente pero muy excitante.
Lo que concluimos de toda esta puesta en común es que, desde luego, el vino no ha sido una bebida simple y básica, sino que a lo largo de la historia ha tenido siempre ramificaciones, estratos sociales, significados religiosos, metafísicos y culturales. Y que la arqueología y el estudio histórico están absolutamente ligados y deben continuar su proceso de investigación. A través del vino conocemos a los hombres y mujeres del pasado, pero también sus formas de vida, sus costumbres diarias, el lento paso de las horas del día, durante las que el vino tenía una presencia obligada e importante.
Todo ello nos sigue provocando un enorme interés. Notamos que entre todos los asistentes se creó un halo de misticismo, de ambición por querer saber más, y de devoción y de respeto ante todo lo descubierto, una sensación de cultura compartida que nos convencía aún más de que, más allá de las diferencias territoriales actuales y de las lenguas diversas, el vino ha marcado un espacio de entendimiento común que convierte en mediterráneos a todos los pueblos que orillan sus tierras en el mare nostrum y que nos iguala e identifica como una koiné que habla la misma lengua a través del vino. Y ese mensaje tiene mucha fuerza y permite ganar adeptos en favor de que este cultivo milenario es y debe seguir siendo uno de nuestros más claros rasgos identitarios.
Una gran responsabilidad
Desde la organización, nos dimos cuenta de que lo que había sido una intención divulgativa y de traer a todos estos expertos a Alicante, se había convertido en una gran responsabilidad. Porque ¿quién es capaz hoy en día de seguir hablando de esta vasta cultural del vino y de su arqueología? El sector se enfrenta a una nueva crisis comercial y de consumo mundial y nadie se ocupa de esta cultura, cancelada de los medios de comunicación generales, entre los jóvenes- de los que también se habló ante la dificultad que presentan para recibir toda esta información, por ejemplo, desde las redes sociales. Cancelada entre los propios medios de comunicación especializados a los que costó invitar o a los que cuesta que difundan estos asuntos.
Para Alicante supuso además un gran orgullo poder compartir nuestros vinos con los mejores vinos mediterráneos traídos desde todos los puntos del mare nostrum. Orgullo por hacer este seminario desde espacios históricos excepcionales como el yacimiento de l’Illeta dels Banyets de El Campello, donde iniciamos los actos con un brindis de bienvenida con ese sol de atardecer frente al mar. O en el Castillo de Santa Bárbara, la Casa Mediterráneo o la Concatedral de San Nicolás. Orgullo cuando presentamos la investigación “Alicante 1510”, en el que nos postulamos como la DOP más antigua del mundo. Y finalmente, orgullo en dar a probar nuestras delicadas variedades de uva y contar el misticismo de nuestro vino más internacional, el fondillón por la boca de los más grandes especialistas en la materia. Estamos muy orgullosos de ello y con este congreso, nuestras raíces históricas se han alargado con más intensidad si cabe hacia el pasado, el territorio y a la marca “Alicante”.
Queremos dar las gracias a todos los asistentes y ponentes, que ha sido enormemente felices durante esos días, porque lo sentimos de verdad y nos los transmitieron posteriormente, a todos los invitados catadores; a las bodegas de todo el mundo que facilitaron sus “vinos reliquias” y a todos lo que siguen entusiasmados o entrarán un día a entusiasmarse por esta historia que es la historia de una humanidad que come, bebe y trasciende desde hace siglos en este planeta llamado tierra.
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