Costa de Marfil ha irrumpido con fuerza en el mercado del vino granelístico español. En 2025 superó a Portugal como cuarto destino mundial, con unas compras de 44,8 millones de euros y 85,9 millones de litros, y está a punto de alcanzar a Italia y colarse en el podio, junto a Alemania y Francia, los dos grandes referentes de ese segmento, según la estadística publicada por la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE). Para entender la relevancia que Costa de Marfil está adquiriendo, hay que tener en cuenta que, considerando el total de las ventas, ya ha superado también ampliamente a China, un país que se presenta, erróneamente, como un inmenso mercado de promisión pero donde, en realidad, el vino español apenas comercializó 34,7 millones de euros el pasado año, con una presencia menguante y un descenso interanual del 26,8 %. Una vez más, el dato mata el relato.
Situada en África occidental, junto al golfo de Guinea, la que fuera colonia francesa hasta 1960 es el nuevo El Dorado de las exportaciones españolas de vino a granel, tras anotarse un aumento del 60,46 % el pasado año. En 2024, superó a Sudáfrica como principal importador de vino de África, con España convertido en el indiscutible líder del mercado. Cierto es que la presencia de sus bodegas y cooperativas en el país africano se limita, fundamentalmente, al vino sin envasar, mientras que Francia se ocupa, principalmente, del embotellado, pero también es verdad que la facturación alcanzada comienza a representar unos guarismos significativos. Aventaja, de hecho, a Portugal (40,6 millones) y le pisa los talones a Italia, tercer comprador de vino a granel español, con 47,3 millones de euros en 2025. Y como queda dicho, ya ha relegado igualmente a China en el cómputo total de ventas (sumando el vino envasado y a granel).
Costa de Marfil tiene la particularidad de haber sido, tradicionalmente, un país consumidor de vino, algo inusual en un continente más habituado al consumo de cerveza que mantiene, además, una relación con el alcohol muy condicionada por factores religiosos.
Sociedad, religión y demografía
En Costa de Marfil no existe una religión predominante. Con una extensión de 322.464 kilómetros cuadrados (aproximadamente, dos terceras partes de la superficie española), el islam está más presente en el norte del territorio (38,6 %) y el cristianismo, en las regiones del sur y la costa (32,8 %), al margen de alrededor de un 12 % de practicantes de creencias tradicionales de carácter ancestral y animista.
Esa diversidad social deja un amplio margen al comercio vinícola, que se desarrolla con normalidad y está controlado, en gran medida, por la cadena de supermercados Société de Promotion de Supermarchés (Prosuma). Otro ingrediente fundamental para entender el mercado marfileño tiene relación directa con la explosión demográfica que comenzó a mediados del siglo XX. En aquella época, las estadísticas registraban una población de 2,7 millones de habitantes, una cifra modesta que se fue multiplicando hasta alcanzar los 16,73 millones en el año 2000 y los 32,7 millones en 2025, con incrementos de casi un millón de habitantes anuales y una tasa de natalidad media de más de cuatro hijos por mujer.

De la guerra a una precaria estabilidad
El país africano vivió dos cruentas guerras civiles (2002-2007 y 2010-2011) marcadas por divisiones políticas y étnicas, con una breve tregua intermedia impulsada, entre otros, por figuras como el gran futbolista marfileño Didier Drogba. Posteriormente, el triunfo del presidente Alassane Ouattara en 2011, con el respaldo de la ONU y de Francia, desplazó al mandatario Laurent Gbagbo, lo que permitió establecer, desde entonces, una paz frágil aunque relativamente estable, no exenta de los lógicos desafíos inherentes a un proceso de reconciliación nacional.
Los datos de Costa de Marfil en el contexto global
En ese contexto, las bodegas y, sobre todo, las cooperativas españolas se han erigido, durante 2025, en sus grandes proveedoras de vino a granel, totalizando unas ventas de 44,8 millones de euros y 85,9 millones de litros, tras lograr incrementos del 60,46 % y del 48,14 %, respectivamente. Esta tendencia positiva sólo ha sido secundada por países como Marruecos, Rumania y Togo, aunque con adquisiciones totales de vino español a granel muy inferiores. El resto de compradores habituales experimentó crecimientos moderados o, en algún caso como el italiano, acusados retrocesos, con caídas del 36,55 % en valor y del 30,39 % en volumen, lo que, sin duda, ha contribuido a reforzar el papel estratégico de Costa de Marfil como elemento corrector en el balance general.

Un mercado dinámico y creciente
Habitualmente, los vinos españoles exportados a Costa de Marfil se han enmarcado en la categoría más económica, mientras que las bodegas francesas han copado las gamas media y alta. No obstante, iniciativas como la del Instituto de Promoción Exterior de Castilla-La Mancha (IPEX), que ha promovido misiones comerciales en Costa de Marfil y otros países de la zona, se han dirigido a consolidar y ampliar las posibilidades comerciales de un sector dinámico y creciente. En definitiva, el valor del euro es el mismo en cualquier país del mundo. Y Costa de Marfil cotiza al alza.
