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Cuando sumar de verdad importa: la enología de Castilla-La Mancha decide avanzar unida

Vicente Sánchez-Migallón Sánchez-Gil

CEO Grupo Pomona Keepers S.L.,  expresidente de la Unión Internacional de Enólogos (UIOE).

Hace tiempo escribí que, en el ámbito profesional, a veces 1+1 podía ser igual a 0. Con esa fórmula pretendía explicar cómo la división, la duplicación de esfuerzos y la fragmentación de voces dentro de un mismo colectivo no solo no suman, sino que restan. Restan fuerza, diluyen los mensajes y frenan el progreso común. Es la paradoja de la desconexión: caminar hacia el mismo objetivo por separado puede acabar debilitando a todos.

Hoy, esa ecuación queda desmentida en la enología de Castilla-La Mancha. El acuerdo alcanzado entre el Colegio Oficial de Enología de Castilla-La Mancha y la Asociación de Enología de Castilla-La Mancha marca un punto de inflexión. Aquí, 1+1 deja de ser una resta silenciosa para convertirse en el inicio de una suma con verdadero potencial multiplicador.

En momentos como este, en los que el sector mira hacia adelante con ambición, resulta imprescindible mirar también hacia atrás y reconocer a quienes sentaron las bases del presente, sería muchas personas a las que referirnos y no se trata de esto en este artículo, pero la figura de Fructuoso López Vaquero emerge con especial fuerza y significado. Fue presidente de la Asociación de Enólogos de Castilla-La Mancha en una etapa decisiva, previa a hitos fundamentales como la habilitación oficial de la profesión o la creación de una titulación universitaria específica. Entonces, defender la enología no era un ejercicio institucional, sino un acto de convicción, constancia y, en muchos casos, soledad. López Vaquero fue uno de esos defensores incansables que lucharon para que la profesión alcanzara el reconocimiento técnico y académico del que hoy disfruta. Buena parte de los avances actuales beben directamente de aquel trabajo silencioso.

Hoy, mientras atraviesa un momento delicado de salud, este acuerdo adquiere también una dimensión humana. Sirva este texto como recuerdo sincero y como deseo de una pronta y total recuperación. Su legado no pertenece solo al pasado: es una inspiración viva para una profesión.

La importancia del pacto va mucho más allá del gesto institucional. Responde de forma práctica a los desafíos de un sector sometido a una fuerte presión global, con mercados cada vez más competitivos, consumidores más informados y dispersos, y una necesidad creciente de aportar valor, relato y calidad. En este contexto, la innovación, la sostenibilidad y la excelencia técnica no son opcionales, y solo pueden liderarse desde una voz profesional fuerte, coordinada y respetada.

La colaboración entre ambas entidades permite elevar el nivel de la formación continua, reforzar la interlocución ante las administraciones y las denominaciones de origen, mejorar la promoción de los vinos desde la credibilidad que otorga el conocimiento técnico y compartir soluciones frente a retos comunes como el cambio climático o la eficiencia productiva. Además, dota al colectivo de mayor capacidad para defender la profesión frente al intrusismo y para reivindicar su papel estratégico dentro de la cadena de valor del vino.

Este acuerdo no es una declaración simbólica, sino una corrección de rumbo. Supone pasar de la dispersión a la concentración, de la queja a la propuesta, del corto plazo a la planificación de futuro. Los enólogos de Castilla-La Mancha han entendido que, en un mundo de gigantes y mercados saturados, la verdadera fortaleza no está en el aislamiento, sino en la coalición.

Honrando el camino trazado por quienes abrieron puertas cuando aún no existían, el sector demuestra que la suma de voluntades no es un eslogan, sino una herramienta real para multiplicar oportunidades.

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