El alcalde popular de Casasbuenas (Toledo), Juan Antonio Camuñas Medina, ha dirigido un mensaje grabado a los habitantes de Llanos del Caudillo (Ciudad Real) y, muy especialmente, a los miembros de la corporación municipal presidida por el también alcalde popular, Andrés Antonio Arroyo Valverde, en el que expone la dramática situación que sufre su localidad desde que una macroplanta de biometano, de menor tamaño que la que se promueve en Llanos, comenzó a funcionar el pasado mes de agosto. Camuñas habla del “olor horroroso” y “nauseabundo” que tienen que soportar y anima a los llaneros a que luchen para impedir su construcción porque, en su opinión, “puede hundir el pueblo en todos los sentidos”.
Asimismo, Camuñas advierte de que aunque los miembros del equipo de gobierno de Llanos del Caudillo hagan un “gran negocio” luego no van a poder salir a la calle “porque como os la pongan como a nosotros”, subraya, “y sea el olor que genera igual, os puede pasar cualquier cosa”.
Tal vez, lo más doloroso para el regidor de Casasbuenas es la decisión que ya le han anticipado algunos de sus paisanos si el problema persiste. “Los vecinos me dicen”, afirma apesadumbrado, “que están dispuestos a irse del pueblo si esto sigue igual y yo, antes de que suceda eso, estoy dispuesto a hacer lo que haga falta”.
Juan Antonio Camuñas se ha convertido, muy probablemente, en uno de los mayores expertos en biogás y biometano de Castilla-La Mancha. La suya no es una «voz autorizada» como las de Ángel Fernández Mohedano, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y Vicente Galván López, «experto consultor independiente», que llevan semanas paseándose por los medios de comunicación regionales, como en una tournée, cantando las alabanzas del biometano y de la economía circular y obviando los efectos registrados en el municipio toledano de Casasbuenas y en el albaceteño de Balsa de Ves.
El primer edil de Casasbuenas no es ingeniero medioambiental ni licenciado en Ciencias Químicas. Tampoco es especialista en sostenibilidad ni un comunicador que disfrute de una bien remunerada cátedra universitaria o de las simpatías de las compañías energéticas, pero conoce sobre el terreno, mucho mejor que ellos, las terribles consecuencias de lo que puede significar la puesta en marcha, de manera deficiente, de una fábrica de estas características.

Algunos especialistas y muchos políticos, como el presidente Emiliano García-Page o la consejera de Desarrollo Sostenible, Mercedes Gómez, principales responsables del Plan Regional de Biometanización 2024-2030, hablan del biometano pisando una moqueta oficial y sin prever sus efectos en la vida de las personas, pero Juan Antonio Camuñas lo hace, a escasos metros de una instalación de residuos que huele a heces, orines, estiércol y lodo. El sí conoce el hedor repugnante y vomitivo que puede provocar una instalación de biometano.
Noez condenó a Casasbuenas
En 2019, cuando Camuñas fue elegido alcalde por primera vez, recibió una visita de los heraldos de la energía verde con la intención de instalar una planta de biogás en Casasbuenas. “Cuando me dijeron”, recuerda, “con los géneros que trabajaban, con los purines, basuras, estiércoles, yo dije que eso no podía oler bien y no lo quise en mi término”.
¿Qué ocurrió a partir de ese momento? “Esa gente”, continúa, “se dio la vuelta y se fueron al pueblo de al lado, llegaron a un acuerdo y nos la han puesto, pues justo a 1,9 kilómetros de Casasbuenas”. De ese modo, los embajadores de la instalación promovida por Biometano Montes de Toledo, SL, gestionada por la empresa castellonense SITRA, llegaron a un acuerdo con el exalcalde socialista de Noez, José Antonio Ruiz, quien se cuidó mucho de alejarla de su núcleo residencial y decidió facilitar su tramitación en un terreno municipal, junto a las viviendas de Casasbuenas. Noez prefirió pensar en el dinero sin reparar en las consecuencias. Hoy, Casasbuenas se asfixia cada vez que esa fábrica “se pone en marcha”. Es el precio de la codicia y el progreso mal entendido.

La planta de biometano de Noez, que padecen en Casasbuenas, tiene una capacidad anual para el tratamiento de 100.000 toneladas de residuos, de los que 50.000 corresponden a estiércol vacuno, 30.000 a purines de cerdo y 20.000 a lodos de depuradora y residuos agroalimentarios, según consta en la declaración de impacto ambiental firmada, el 16 de diciembre de 2022, por Javier Ariza Cantero, director general de la Consejería de Desarrollo Circular de Castilla-La Mancha. Pese a ello, la localidad de Noez no genera, en absoluto, esa cantidad de desechos, lo que obliga a transportar en camiones de alto tonelaje la inmensa mayoría de la materia prima desde otros municipios de la provincia de Toledo y del resto de España.
La soledad e indefensión de quienes no parecen importarle a casi nadie
Juan Antonio Camuñas sufre, junto al restos de sus 219 conciudadanos, según confiesa, la indefensión diaria, el abandono de la Administración regional, la indiferencia del Seprona y la soledad de quienes no parecen importarle a casi nadie. Un caso similar al de Balsa de Ves (Albacete), donde la alcaldesa socialista Natividad Pérez clama en el desierto desde hace años, sin que la Administración autonómica le preste la menor atención ni resuelva la situación provocada por una macrogranja de cerdos y la consiguiente planta de biometano que le vendieron como remedio ecológico y circular frente a los olores hediondos provocados por la instalación porcina.

En su alocución dirigida a los habitantes de Llanos del Caudillo, el alcalde de Casasbuenas explica con claridad la dificultad a la que su pueblo se enfrenta. ”¿Eso qué está generando?”, se pregunta, “pues un olor horroroso, un olor que no hay quien lo soporte”. “Somos 220-225, que estamos ahora empadronados y, como veis, aquí tengo 200 y pico quejas vecinales, tengo informes de los médicos, tengo una denuncia que puse para que viniera el Seprona, que todavía no han venido, a la Fiscalía, y tengo todos los papeles que movimos en el 2022-2023 para que no la pusieran».
El regidor casasbuenero responde así al grupo de vecinos de Llanos del Caudillo que se ha desplazado hasta el municipio toledano para conocer in situ los efectos que ha tenido en esa localidad la puesta en funcionamiento de la planta de gestión de desechos. Una fábrica de biometano con capacidad para tratar 100.000 toneladas de residuos anuales frente a las 161.500 toneladas que prevé recibir la de Llanos del Caudillo, un 61,5 % más de potencia pestilente y contaminante.
El primer edil se dirige a los vecinos de Llanos y a los integrantes de la corporación municipal que encabeza el alcalde Andrés Antonio Arroyo: «Yo lo que quiero deciros a los vecinos y a los concejales de Llanos del Caudillo, que tengáis mucho cuidado, sobre todo, a la corporación municipal, os podéis cargar a vuestro pueblo, os podéis cargar a los vecinos». «Yo como alcalde», asegura, «puedo salir desde mi casa, con la cara muy alta y todos los vecinos me saludan, todo el mundo me dice hola Juan, a lo mejor ha sido por no poner esto en mi pueblo y por estar luchando por que me lo quiten».

“Esto puede hundir el pueblo en todos los sentidos»
Pese a la información ya conocida y a sus potenciales repercusiones socioeconómicas, sanitarias y legales, que podrían acabar en los tribunales, el alcalde de Llanos del Caudillo parece empeñado en sacar adelante, a toda costa, la construcción de una planta de biometano, promovida por ID Energy Group, a través de la compañía Pelecanus SL, a 2,5 kilómetros del casco urbano, para el tratamiento de 161.500 toneladas anuales de residuos, en su mayoría de purines de cerdo, con más de 50 camiones de alto tonelaje surcando, cada día, las carreteras circundantes. Hasta ahora, nada ni nadie parece haberle disuadido del riesgo de trasladar a Llanos del Caudillo el “infierno” que, desde el pasado mes de agosto, vive Casasbuenas.
El regidor casasbuenero, en un momento de su alocución se dirige directamente al alcalde de Llanos y a los concejales de ese ayuntamiento. «Si la ponéis», dice en relación a la macroplanta, «a lo mejor tenéis mucho dinero en el Ayuntamiento, podéis tener un gran negocio, pero luego no podéis salir a la calle, porque como os la pongan como a nosotros y sea el olor que genera igual, os puede pasar cualquier cosa».
«A los vecinos», añade el alcalde de Casasbuenas, «os voy a decir que luchéis por que no os la pongan, intentadlo por lo menos, no os acobardéis». «Tened en cuenta», añade, «que esto puede hundir el pueblo en todos los sentidos».
¿Vivirían Emiliano García-Page y Mercedes Gómez en Casasbuenas?’
La lucha de David contra el Goliath energético, más preocupado, desde luego, por mejorar su balance contable que por preservar un entorno habitable, plantea una pregunta que, probablemente, se harán muchos castellanomanchegos, en particular, y españoles, en general: ¿Vivirían Emiliano García-Page y Mercedes Gómez en un lugar que oliera como Casasbuenas? ¿Soportarían estoicamente esa peste fétida a mayor gloria de una empresa energética o, por el contrario, solucionarían de inmediato el problema e instarían a la incoación de un expediente sancionador para hacer cumplir la normativa medioambiental que, presumiblemente, está incumpliendo la compañía responsable?
Vídeo con el mensaje íntegro del alcalde de Casasbuenas, Juan Antonio Camuñas, dirigido a la corporación municipal de Llanos del Caudillo, presidida por el alcalde Andrés Antonio Arroyo Valverde, y a todos los vecinos de la localidad.
