Miguel Pocoví
Doctor en Ciencias y Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular (jubilado)
Los proyectos de instalación de las plantas de biogás y la problemática medioambiental que crean, en especial la emisión de olores, me ha recordado el hecho de que los gases producidos por la digestión humana y los gases de una planta de biogás comparten similitudes en su generación, composición, olor y repulsión. Ambos son mezclas de gases producidos por microorganismos a partir de la descomposición de materia orgánica.
Los que peinamos canas y/o calvas nos acordaremos el éxito que tuvo al final de la década de los 70 del siglo pasado la canción de los nicaragüense Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina–“Son tus perjúmenes mujer”-. Esta canción llego a ocupar el número uno en el hit parade español de 1977.La letra de la canción comienza con “Son tus perjúmenes mujer los que me sulibeyan”. El diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española define “perjúmenes” como «perfúmenes», y “sulibeyar” se refiere a encontrar deleite, goce o placer en algo. Solo el autor de una ventosidad o flatulencia, es decir el que se tira el pedo, es el que se “sulibeya” y no lo hace ninguno de los que están a su alrededor, los gases de los demás nos parecen repugnantes, lo mismo ocurre con los gases que generan las plantas de biogás. Pero, ¿Por qué tanto las ventosidades de nuestros vecinos o las emitidas por estas instalaciones nos resultan repelentes?
Empezaremos por analizar las ventosidades humanas. No todas las ventosidades presentan las mismas características fisicoquímicas. Existe una clasificación vulgar de los pedos en “cantores”, “atuneros” y “pintores”, que refleja de forma bastante fehaciente los problemas de una deficiente digestión de hidratos de carbono, las proteínas y grasas, respectivamente. Veamos el por qué se les asigna estos nombres y sus características.

Pedos cantores
Los hidratos de carbono están formados moléculas cuyos átomos son fundamentalmente de carbono, hidrógeno y oxígeno. Para que podamos utilizarlos hidratos de carbono es necesario digerirlos en nuestro tubo digestivo hasta tener unas moléculas más sencillas, los monosacáridos, que puedan ser absorbidos en el intestino delgado y pasar a la sangre. Las tijeras que tenemos para romperlos son las enzimas que empiezan a actuar en la cavidad bucal, y los siguen troceando en el estómago e intestino delgado, donde son adsorbidos. Si este proceso no consigue su objetivo, las moléculas sin hidrolizar de hidratos de carbono o parcialmente digeridas pasan al intestino grueso, donde sirven de alimento de los millones de bacterias anaerobias que lo colonizan, lo que conocemos como microflora o microbiota.
Las bacterias intestinales utilizan, prácticamente, todo tipo de hidratos de carbono y los metabolizan a través de procesos fermentativos formando gases, principalmente metano (CH4), pero también hidrógeno (H2) y anhídrido carbónico (CO2), que son todos inodoros.

Por lo tanto, este tipo de gases que desprenden las bacterias anaerobias al metabolizar hidratos de carbono, junto con los de la deglución, se acumulan en el intestino grueso y al salir por el ano producen el “pedo cantor”, que hace mucho ruido pero poco olor. De esta peculiaridad se dio cuenta el famoso escritor, Francisco de Quevedo que en una de las estrofas de su “Poema al pedo”, nos relata:
“El pedo gime, el pedo llora
el pedo es aire, el pedo es ruido
y a veces sale por un descuido
y a veces sale con resplandores”
Al señalar que “y a veces sale con resplandores” es posible que Quevedo se refiera a los pedos cantores, que tienen la peculiaridad de contener gases muy inflamables: el metano y el hidrógeno. Esta propiedades aprovechada por algunos para hace la demostración de la “bazooka del culo”, también conocida como “la llama azul”, “ángel azul” o “el dardo azul”, que consiste en prender fuego a los gases producidos por las flatulencias humanas. Lo de azul se debe a que a menudo la llama es de color azul, aunque a veces el color cambia a naranja o amarillo, dependiendo de la mezcla de gases que contenga. Práctica no es recomendable por su peligrosidad, ya que nos puede provocar quemaduras. La ropa, el pelo o la piel pueden incendiarse y los tejidos sensibles pueden resultar dañados.
¿Qué alimentos nos producen este tipo de ventosidades? Existen una serie de hidratos de carbono, los oligosacáridos de tres a nueve unidades, que conforman una estructura resistente al ataque de los enzimas digestivos, y que son a la vez excelentes sustratos para nuestras bacterias intestinales. Los más importantes son la rafinosa, la estaquiosa, la verbascosa y los fructo-oligosacáridos. Todos ellos son completamente fermentables por la flora bacteriana.
La rafinosa, es un trisacárido formado de glucosa, fructosa y galactosa, y es abundante en las leguminosas tales como las alubias, garbanzos, frijoles, cacahuetes y la soja. La estaquiosa es un galacto-oligosacárido formado por dos unidades de galactosa, una unidad de glucosa y otra de fructosa unidas secuencialmente, que se encuentra presente en las judías verdes y la soja. La verbascosa está formada por cinco monosacáridos: tres moléculas de galactosa, una de glucosa y otra de fructosa, se encuentra principalmente en tubérculos, rizomas y semillas durante la maduración, así como en las legumbres. Las oligofructosas están formadas por unidades de fructosa unidas de forma secuencial y son completamente fermentadas por las bacterias bifidógenas y lactobacilos. La más importante es la inulina (no confundir con insulina) que es un polímero de fructosa presente en la alcachofa, puerro, achicoria, ajo, cebolla y espárragos. Las verduras crucíferas (col, brécol, coliflor…), aunque a menor escala, también contienen estos problemáticos compuestos y, por lo tanto, pueden generar este tipo de gases en especial las coles de Bruselas y el repollo.

Pedos atuneros
En este caso se trata de ventosidades que son subproductos procedentes del metabolismo de las proteínas, llevado a cabo por las bacterias intestinales. Como el atún es muy rico en proteínas que causan este efecto de ahí procede el nombre de atunero. Las proteínas aparte de contener carbono, hidrógeno y oxígeno, contiene también nitrógeno y azufre. Aproximadamente el 99% de los gases de un pedo de esta categoría está constituido por metano, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno y anhídrido carbónico, y un porcentaje pequeño (1%) de los gases de los pedos atuneros contienen fundamentalmente compuestos de azufre y nitrógeno, siendo el principal el ácido sulfhídrico (o sulfuro de hidrógeno,H2S), el cual procede de los aminoácidos azufrados de las proteínas (metionina, cisteína, cistina), y su olor típico es el de los huevos podridos. Otros compuestos azufrados malolientes son el metanotiol, sulfato de dimetilo y 3-metilbutano-1-tiol, basta recordar que esta última molécula es la que segrega en abundancia a través de sus glándulas odoríferas la mofeta rayada. La descarboxilación de los aminoácidos de las proteínas provocada por enzimas microbianas produce también aminas tales como la putrescina, trimetilamina y cadaverina, los cuales presentan olores característicos a pescado estropeado. La cadaverina, nombre común de la 1,5-pentanodiamina, nos produce un fuerte y desagradable olor a putrefacción de cadáveres y carne podrida, siendo uno de los compuestos causales de la halitosis. Aunque todos estos compuestos gaseosos estén en baja proporción en las ventosidades atuneras, dado su bajo umbral de detección por nuestra pituitaria, producen un efecto maloliente espectacular.
La carne, el pescado, y los mariscos, son ricos en proteínas y en aminoácidos que contienen azufre. También el pollo, cordero, y vísceras tienen un alto contenido de estos aminoácidos, por los que las dietas ricas en estos alimentos suelen producir una mezcla de gases con fuerte olor apestoso, los pedos atuneros.

Pedos pintores
Las grasas comestibles son fundamentalmente triglicéridos constituidos por tres ácidos grasos unidos a una molécula de glicerina. Para que podamos adsorber las grasa en nuestro intestino delgado es necesario que durante el proceso de la digestión las enzimas pancreáticas y/o la bilis, escindan los ácidos grasos de la glicerina, en caso contrario pasaran al intestino grueso, dando lugar a una malabsorción. La malabsorción grasa se caracteriza por la aparición de heces malolientes, voluminosas, pegajosas y que flotan en el agua (esteatorrea), en otras palabras más vulgares, diríamos que el individuo “va suelto”. Lógicamente si se cumplen estas condiciones, una ventosidad arrastrará heces y el resultado será el “pintado” del calzoncillo o prenda íntima, de ahí viene el nombre de “pedo pintor”.
Los alimentos ricos en grasas, tales como las carnes grasas (cordero, pato, costillar, falda, vísceras, etc), embutidos grasos (mortadela, sobrasada, chorizo, salchichón,…),leche y derivados enteros (yogurt, quesos curados, cremas, flan, natillas, nata, helados cremosos,..), marisco y pescados en aceite o salazón, aguacate, coco, aceitunas, frutos secos, y aceites de todo tipo, son los ideales para la generación de ventosidades pintoras.

Miscelánea de ventosidades
Lo más frecuente es que la expresión de un meteorismo incluya mezclas de estos tres tipos de ventosidades, ya que es difícil que un pedo proceda el 100% de un solo tipo de sustrato. Así podemos tener los atuneros-cantores producto de la combinación de dietas ricas en proteínas y carbohidratos complejos difíciles de digerir, o los atuneros-pintores consecuencia de una buena ingesta proteica y abundante grasa. Los más espectaculares, que suelen marcar cátedra y hacer mella en el vecindario, son los que incluyen las tres categorías atuneros-pintores-cantores, que suelen tener su máximo apogeo tras la ingesta de un copioso cocido maragato, fabada asturiana o similar.
Los gases de las plantas de biogás
El biometano es un combustible que se obtiene a partir del biogás. El biogás se produce, al igual que en el intestino grueso, a partir de la descomposición anaeróbica bacteriana, de la materia orgánica, en este caso, presente en los residuos agrícolas, forestales y urbanos, aguas residuales, restos de mataderos, purines ganaderos, etc. Las bacterias que realizan esta transformación son similares a las que producen las ventosidades en los humanos: hidrolíticas para convertir compuestos complejos de hidratos de carbono y proteínas en moléculas más simples; acidogénicas que transforman compuestos en ácidos grasos volátiles, alcoholes y gases, formadoras de ácido acético y metanogénicas que transforman el ácido acético y el anhídrido carbónico en metano.
Para generar el biometano, se somete este biogás a un proceso denominado upgrading que consiste en eliminación de gases no deseables como el anhídrido carbónico y enriquecimiento en metano, El anhídrido carbónico separado se emite en grandes cantidades a la atmósfera junto con óxidos de nitrógeno, compuestos azufrados, aminas, monóxido de carbono y otros compuestos orgánicos volátiles, parecida a una mezcla de gases de las ventosidades humanas atuneras generadas en el intestino humano que funciona como biogestor natural.

Las plantas de biogás emiten malos olores en todas y cada una de las etapas del proceso
Empezando por la recepción de materia prima en la instalación, mientras se realizan las actividades como separación de sólidos, cribado, y bombeose generan olores al tratarse de material ya en descomposición. Seguidamente durante el proceso de digestión anaerobia en que materia orgánica entra en los digestores,donde los microorganismos la descomponen para generar biogás y el residuo sólido/líquido denominado digestato, se liberan compuestos sulfurados (ácido sulfhídrico, mercaptanos,…), aminas,amoniaco (NH₃) y otros gases pestilentes. La manipulación del digestato también es una parte crítica en la generación de olores: mientras se separa el sólido-líquido, almacenamiento entanques abiertos, balsas y transporte. Por último, durante elpost-tratamiento del biogás en el proceso de upgrading también se desprenden emisiones de olor si los gases no están correctamente gestionados.
En resumen, podemos afirmar que una planta de biogás es como un intestino grueso “industrializado” y nuestro intestino grueso es como biogestor biológico natural.

¿Pero, por qué a nadie le desagrada el olor de sus ventosidades y en cambio le repugna el hedor externo?
Una ventosidad o los vapores de una planta de biometano pueden liberar bacterias que causen enfermedades, además también arrastrar partículas microscópicas de materia fecal. Nuestro organismo tiene un sistema adaptativo de evitar el contacto con agentes causantes de enfermedades. Las bacterias de nuestro intestino no son iguales a la del resto de los mortales o a las de un estercolero, ni forman gases que huele del mismo modo. Es un “perfume” al que cada uno de nosotros nos hemos familiarizado, pero nuestro olfato interpreta los olores externos producidos por la descomposición bacteriana como una señal de peligro y nuestro cerebro nos pone en estado de alerta, haciendo que ese olor nos repugne. Por otra parte, la exposición repetida o prolongada a un odorante generalmente conduce a disminuciones del estímulo en la sensibilidad olfativa a ese odorante, aunque esta sensibilidad se recupera con el tiempo en ausencia de una exposición adicional. Según la doctora Pamela Dalton, psicóloga del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia (EE.UU.) “Lo que parece ocurrir es que los receptores que normalmente responderían a determinados olores casi se apagan después de ser bombardeados durante un tiempo”. Nuestro cerebro al estar expuesto a través de la nariz a unos los olores habituales, al cabo del tiempo los elimina por ser una información inútil, es decir eclipsa el olor personal ya conocido, y da prioridad a otra información más importante para nuestra seguridad.
Esta es una plausible explicación del por qué mis “perjúmenes” me “sulibeyan”, en cambio los ajenos, y en especial los producidos por microorganismos, me repugnan por los riesgos que me pueden ocasionar en mi salud.
