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Jueves 19 de octubre de 2017
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La profesión enológica vive momentos de cambio. Fotografía: www.ssazogue.com

TRAS LA RUPTURA INTERNA VIVIDA EN 2013

El colectivo de enólogos de Castilla-La Mancha comienza a dar los primeros pasos hacia su reunificación

Pablo Díaz-Pintado /

 

El colectivo de enólogos de Castilla-La Mancha, dividido desde abril de 2013 entre los integrantes del Colegio Oficial de Enología (COECM) y los partidarios de la Asociación de Enólogos de Castilla-La Mancha (AECM), está comenzando a dar los primeros pasos hacia su reunificación. La reciente elección de Alfonso García Cámara como nuevo presidente de la AECM en sustitución de Luis Jiménez García hace posible, en estos momentos, el acercamiento entre ambas instituciones. “Creemos que podemos llegar a un entendimiento. Alfonso tiene otro talante y compartimos la idea de ir todos a una. Estamos dispuestos a escuchar y a buscar un acuerdo”, sostienen fuentes colegiales. Al mismo tiempo, comienza a abrirse paso la idea de crear un Consejo General de Colegios de Enólogos de ámbito nacional, que estaría integrado inicialmente por Castilla-La Mancha y Cataluña, aunque abierto a futuras incorporaciones. La profesión enológica vive momentos de cambio.

 

El 26 de abril de 2013 se celebró en Tomelloso la asamblea constitutiva del Colegio Oficial de Enólogos de Castilla-La Mancha, el primero de España dentro de su ámbito. Miguel Ruescas Lozano resultó inesperadamente elegido primer decano de la institución, frente al gran favorito, el entonces presidente de la AECM, Luis Jiménez, que aspiraba a ocupar el cargo sin oposición. El desenlace de aquella asamblea supuso un completo revés para sus aspiraciones. A partir de ese momento, cambió la estrategia y, en contra de lo anunciado, decidió mantenerse en el puesto de presidente de la AECM para, desde allí, marcar distancias y vigilar el funcionamiento del órgano colegial. Comenzó entonces una época de tensión y desencuentros que llevó a la ruptura entre ambas instituciones y a la fractura interna.

 

Por el contrario, la asamblea general que la AECM celebró en Alcázar de San Juan el pasado 29 de abril, tres años después, se saldó sin sorpresas. Desde hacía meses algunos enólogos de la AECM y del COECM habían mantenido contactos con discreción para acabar con el enfrentamiento existente. Semanas antes de la convocatoria se aceleraron las conversaciones y se aproximaron posiciones entre las distintas partes implicadas. Finalmente, Luis Jiménez, consciente de que la situación era irreversible, aceptó dar un paso atrás y ceder el testigo. Alfonso García Cámara, valdepeñero de 56 años, con una trayectoria profesional de más de tres décadas, fue elegido como el hombre de consenso. El nuevo presidente de la AECM, graduado en Enología por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, ha desarrollado la mayor parte de su actividad profesional, durante más de tres décadas, en el sector de los gases industriales aplicados a la enología dentro de la empresa Carburos Metálicos. Asimismo, por lo que respecta al ámbito asociativo, forma parte de la AECM desde hace 20 años y fue miembro de la Asociación Catalana de Enólogos (ACE) cuando, por motivos profesionales, trasladó su residencia a Barcelona.

 

El equipo de gobierno

Su equipo de gobierno mantiene a dos de los cuatro miembros de la anterior ejecutiva y añade cinco nuevos integrantes. José Luis Núñez (gerente de Centrolab 2000), con amplia experiencia orgánica, se convierte en vicepresidente tras ceder la Secretaría que ostentaba a Héctor Martínez Jiménez (Bodegas Iniesta). Por su parte, Matías López Núñez (Bodegas López Panach) se mantiene como tesorero, y Rafael Orozco (asesor en bodegas de la DO Manchuela como Nuestra Señora de la Estrella, Bodegas Iniesta o Finca Sandoval) ocupa una de las vocalías, al igual que Jorge Pradillo (La Unión Viñedos y Bodegas) y Juan Antonio Calleja (Bodegas Altovela). Abandonan la junta de gobierno, el ya ex presidente Luis Ramírez y Ana Belén Grueso, que desempeñaba la Vicepresidencia hasta la fecha.

 

Una nueva dimensión

Pero, como se ha dicho, la elección de la flamante junta de gobierno de la AECM no sólo implica la lógica renovación interna derivada de la convocatoria de una asamblea general, sino que adquiere una nueva dimensión, ya que abre la puerta a la posibilidad de que el conjunto de los enólogos de Castilla-La Mancha recuperen la unidad de acción después de una “guerra fría” erigida sobre un muro de distanciamiento.

Los responsables del Colegio Oficial de Enólogos de Castilla-La Mancha están perfectamente informados de los movimientos que se han llevado a cabo en el seno de la AECM y preparan una asamblea inminente, como paso previo a la reunión que, previsiblemente, celebrarán en las próximas dos semanas en Villarrobledo con los miembros del equipo de gobierno de la Asociación de Enólogos. En ese encuentro, los asistentes intentarán encontrar la fórmula más adecuada para que los asociados y los colegiados actúen, a partir de ahora, bajo un paraguas común y una estrategia coordinada en beneficio de todos.

 

El escenario colegial

En Castilla-La Mancha ejercen profesionalmente la enología poco más de 200 personas, de los que alrededor de 130 forman parte del Colegio Oficial de Enología. Son los responsables, en buena medida, de garantizar la calidad del vino elaborado en la mayor región vitivinícola del mundo, con más de un 10% de la producción del planeta. La relevancia y complejidad del ejercicio de la enología en España derivó en los años noventa del siglo XX en la creación de registros autonómicos de habilitación profesional que, posteriormente, se tradujeron en el desarrollo de los primeros colegios oficiales, a partir del impulso de las propias asociaciones autonómicas. Castilla-La Mancha, en 2013, fue la primera comunidad en disponer de su propio órgano colegial, a cuyo frente se encuentra desde entonces Miguel Ruescas Lozano. Un año después, el enólogo Carles Playá i Maset fue elegido primer presidente decano del Colegio Oficial de Enólogos y Enólogas de Cataluña (CEEC), tras un largo y tortuoso recorrido burocrático iniciado en el año 2006.

Las demás comunidades han vivido este complicado proceso de distinto modo, como corresponde a realidades vitivinícolas y asociativas diferentes. En un principio, la Federación Española de Asociaciones de Enólogos (FEAE), que desde finales de los años noventa y hasta septiembre de 2012 presidieron sucesivamente Vicente Sánchez-Migallón, Juan Gómez Benítez y Antonio Palacios Muro, apostó firmemente por la creación de colegios profesionales para reforzar el papel de los enólogos. No obstante, sus deseos chocaron con la realidad política española. En contra de la idea inicial, el Gobierno central delegó las competencias para la constitución de los colegios en las comunidades autónomas y lo que podría haber sido un proceso dirigido de arriba a abajo para unificar criterios y fortalecer la profesión con una vertebración nacional derivó en una guerra de taifas que acabó por dinamitar la precaria estabilidad existente. Esa circunstancia, unida a diferencias de criterio entre las asociaciones y enfrentamientos personales larvados durante mucho tiempo, provocó un rosario de escisiones que redujeron la dimensión e influencia de la FEAE de manera muy significativa para acabar con una representación inferior al 50% del colectivo profesional.

Primero, en 2002, se marchó de la disciplina federativa la Asociación Catalana de Enólogos (ACE) y, al mismo tiempo, la Asociación Enólogos de Rioja (AER) amenazó con seguir sus pasos. En última instancia, los enólogos riojanos, vascos y navarros decidieron continuar dentro de la FEAE, pero la herida abierta no cicatrizó completamente y en 2013, ya bajo la presidencia federal de Santiago Jordi, aprobaron la escisión de la FEAE definitivamente. Pocos días después, se produjo la constitución del Colegio Oficial de Enología de Castilla-La Mancha, una institución situada también al margen del ámbito federativo. La conclusión inmediata fue que de los alrededor de 1.800 profesionales que ejercen la enología en España, más de la mitad no pertenecen a la FEAE.

 

Las competencias y el origen profesional

Los colegios son corporaciones de derecho público que persiguen la ordenación del ejercicio de la profesión, su representación exclusiva y la defensa de los intereses de sus miembros, al tiempo que velan por una praxis y una ética del trabajo que redunde en el beneficio de los interesados y de la sociedad en su conjunto. Para ello, la administración le otorga una serie de competencias legales que los diferencian completamente de las meras asociaciones. “El colegio profesional” explican fuentes de la AECM, “tiene que desarrollar sus competencias en los campos de la seguridad alimentaria, medioambiental, trabajo profesional, expedición de visados, aplicación de tasas, formación universitaria y oferta de cobertura de seguros de responsabilidad civil, entre otros, mientras que la asociación debería limitarse a labores divulgativas, de promoción cultural y relaciones sociales, como pueden ser la organización de catas, congresos y eventos de distinta índole”.

Ahora bien, los profesionales de la enología de Castilla-La Mancha, así como del resto de las comunidades españolas, forman un grupo heterogéneo de muy diverso origen académico, desde licenciados o graduados en enología a técnicos en vitivinicultura, pasando por biólogos, ingenieros agrónomos, químicos, etc… Y ése es, precisamente, uno de los caballos de batalla que deberán resolver los representantes del COECM y de la AECM en la reunión que celebrarán dentro de pocos días. Tanto Alfonso García como Miguel Ruescas son proclives a que colegiados y asociados confluyan en un mismo marco dentro de la legalidad, tal y como ha ocurrido en Cataluña, donde el colegio y la asociación van de la mano en una estrategia común que se visualiza, incluso, hasta en el hecho de compartir la misma la página web www.enolegs.cat. “La asociación”, explican fuentes del Colegio Oficial de Enólogos de Castilla-La Mancha, “debería estar pegada al colegio; desde luego, no pretendemos dejar a nadie en la estacada, hay alternativas dentro de la legalidad para que todos los enólogos, independientemente de su situación y modo de acceso a la profesión, vayamos juntos y trabajemos en común”.

 

El Consejo General de Colegios de Enólogos

En última instancia, el debate que también empieza a cobrar cuerpo en círculos profesionales es el de la creación del Consejo General de Colegios de Enólogos. Para su constitución es necesario que existan, al menos, dos colegios previamente, un requisito que se cumple desde 2014. A partir de entonces, paulatinamente, ha ido madurando la idea de impulsar la formación de un Consejo General. Castilla-La Mancha y Cataluña ya tienen unos años de experiencia en la gestión institucional y la posibilidad de proyectar el edificio colegial al resto de España se abre camino. “En estos momentos, se están dando ya los primeros pasos para crear el Consejo General, el proceso está en marcha”, han confirmado fuentes fidedignas a la revista “Enólogos”. “Creemos”, explican “que es un buen momento para que otras comunidades autónomas constituyan sus propios colegios y aprovechen las ventajas que conllevan pero, en cualquier caso, de un modo u otro, el futuro de la enología pasa por los colegios profesionales y el Consejo General”.

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